La alerta es máxima y el ambiente hierve entre las bases trabajadoras del noroeste del país. Isaías González Cuevas, el hombre que por estatutos debería ser el primer muro de contención contra los abusos del sistema, se ha convertido hoy en el principal promotor de una iniciativa que amenaza con amputar los derechos fundamentales a
La alerta es máxima y el ambiente hierve entre las bases trabajadoras del noroeste del país. Isaías González Cuevas, el hombre que por estatutos debería ser el primer muro de contención contra los abusos del sistema, se ha convertido hoy en el principal promotor de una iniciativa que amenaza con amputar los derechos fundamentales a la salud de sus agremiados. Los señalamientos son contundentes: la CROC está operando activamente una reforma que busca reducir las obligaciones patronales en materia de seguridad social, disfrazándola de un esquema de «eficiencia» que solo beneficia los márgenes de ganancia de las grandes corporaciones.
¿Qué busca realmente Isaías con este entreguismo? Al debilitar el acceso pleno a la salud y permitir que las empresas coticen por debajo de la realidad salarial, está condenando al trabajador a una muerte lenta. La «simplificación» administrativa que propone la CROC es, en realidad, la punta de lanza para que el derecho a la salud deje de ser una obligación patronal sólida y se convierta en una prestación «light», recortada y raquítica. Es un ataque directo al corazón del bienestar de la familia obrera. Un trabajador sin salud plena no puede sostener su hogar, pero para la actual dirigencia nacional de la CROC, el obrero parece ser solo una estadística útil para cobrar cuotas y nada más.
Este plan de desmantelamiento no es un hecho aislado ni casual. Coincide con una serie de imposiciones internas donde la voz del trabajador ha sido silenciada a punta de amenazas y exclusiones. González Cuevas actúa con la arrogancia típica de los viejos caciques que se creen dueños de la voluntad popular, negociando a espaldas de la gente beneficios que no le pertenecen. La salud es un derecho humano inalienable, no un concepto contable que se pueda «optimizar» para que los empresarios ahorren costos de operación. Es hora de que las secciones locales despierten y exijan cuentas claras: ¿A cambio de qué prebendas políticas está Isaías González entregando la salud de los mexicanos? La protección sindical es para defender la vida, no para subastar la integridad de los trabajadores al mejor postor. El silencio ante esta traición no es opción; es complicidad con el verdugo.











