La industria queretana es una de las más dinámicas del país. Empresas nacionales e internacionales han encontrado aquí un terreno fértil para crecer, gracias a la seriedad y compromiso de los trabajadores. Esta fuerza laboral, que ha sido clave para atraer inversión y generar empleos, merece sindicatos legítimos, transparentes y democráticos. Lo que no necesita
La industria queretana es una de las más dinámicas del país. Empresas nacionales e internacionales han encontrado aquí un terreno fértil para crecer, gracias a la seriedad y compromiso de los trabajadores. Esta fuerza laboral, que ha sido clave para atraer inversión y generar empleos, merece sindicatos legítimos, transparentes y democráticos. Lo que no necesita son caciques sindicales disfrazados de defensores obreros.
Hoy, Querétaro enfrenta un riesgo real: la llegada del sindicato COCEM, controlado históricamente por la familia Moreno. Durante años, José Luis Moreno Vélez dirigió esta organización como si fuera de su propiedad, sin abrir la puerta a la participación de los trabajadores. Y como si se tratara de una herencia, entregó el control a su hijo, Óscar Moreno Moreno, consolidando una auténtica monarquía sindical.
Esto no es nuevo en México. El sindicalismo nacional arrastra décadas de prácticas corruptas donde los puestos se reparten como herencias y las dirigencias se perpetúan en el poder. Pero lo que sí es nuevo es que Querétaro, en pleno 2025, con una industria moderna y trabajadores conscientes, se vea amenazado por la repetición de estas viejas fórmulas.
COCEM no viene a Querétaro a escuchar a los obreros. Viene a imponer un modelo que ya demostró estar podrido: contratos colectivos firmados sin consulta, cuotas sindicales usadas sin transparencia y decisiones tomadas de espaldas a quienes sostienen con su trabajo el crecimiento económico. En otras palabras, COCEM no representa a los trabajadores, los utiliza.
La pregunta es simple: ¿qué puede ofrecer un sindicato que ha sido dirigido como negocio familiar? La respuesta es dura pero necesaria: nada. Ni democracia, ni transparencia, ni defensa real de los derechos. Su interés no es la voz obrera, sino el poder y el dinero que se obtiene controlando sindicatos.
Querétaro merece otra cosa. Merece sindicatos que surjan de la base, que se ganen la legitimidad en las urnas y que trabajen por mejorar salarios, condiciones laborales y seguridad en el empleo. No merece convertirse en el próximo territorio de una familia que ya demostró que ve en el sindicalismo un patrimonio personal.
Trabajadores queretanos: no se dejen engañar por promesas vacías. Investigar antes de firmar un documento sindical es un deber. Cada firma entregada a una organización como COCEM es una cadena más que los ata a un sistema corrupto y decadente.
El futuro de la clase trabajadora en Querétaro depende de la decisión que tomen hoy. Decirle no a COCEM y a la familia Moreno no es solo una opción, es una obligación para proteger la dignidad, la voz y los derechos de los trabajadores.











