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Crece la incertidumbre en FUGRA; trabajadores piden mayor claridad a COREMEX

Crece la incertidumbre en FUGRA; trabajadores piden mayor claridad a COREMEX

Crece la incertidumbre en FUGRA; trabajadores piden mayor claridad a COREMEXLa planta FUGRA Lerma no atraviesa una crisis administrativa; atraviesa una crisis de confianza, y los máximos responsables tienen nombre y apellido: Miguel Meneses y el Coremex. Lo que debió ser un proceso de transición sindical se ha convertido en un acto de abandono deliberado

Crece la incertidumbre en FUGRA; trabajadores piden mayor claridad a COREMEX
La planta FUGRA Lerma no atraviesa una crisis administrativa; atraviesa una crisis de confianza, y los máximos responsables tienen nombre y apellido: Miguel Meneses y el Coremex. Lo que debió ser un proceso de transición sindical se ha convertido en un acto de abandono deliberado que deja a los trabajadores a la deriva, mientras los líderes se esconden tras un muro de silencio que ya resulta insostenible.

Crece la incertidumbre en FUGRA; trabajadores piden mayor claridad a COREMEX
La planta FUGRA Lerma no atraviesa una crisis administrativa; atraviesa una crisis de confianza, y los máximos responsables tienen nombre y apellido: Miguel Meneses y el Coremex. Lo que debió ser un proceso de transición sindical se ha convertido en un acto de abandono deliberado que deja a los trabajadores a la deriva, mientras los líderes se esconden tras un muro de silencio que ya resulta insostenible.

La reciente salida de Carlos Gamboa, delegado sindical de entera confianza de Meneses, no fue un simple relevo. Fue la chispa que encendió la mecha de un polvorín que los trabajadores ya venían oliendo desde hace meses. Pero lejos de dar la cara, Miguel Meneses optó por la ruta más ruin: desaparecer. Desde que Gamboa fue despedido, Meneses no ha pisado la planta. No ha dado una sola explicación. No ha justificado la decisión. No ha presentado un plan. Simplemente se esfumó, como quien abandona un barco que él mismo ayudó a hundir.

Y Coremex, lejos de ser un contrapeso o un órgano de vigilancia, ha actuado como cómplice de esta fuga. Su silencio es tan ensordecedor como el de Meneses. Ningún representante ha salido a tranquilizar a la base trabajadora. Ninguna comunicación oficial. Ninguna rendición de cuentas. Pareciera que para ellos, los trabajadores de FUGRA son un estorbo, un problema menor que se resolverá solo con el paso del tiempo. Pero el tiempo no borra la indignación; la multiplica.

Los rumores, alimentados por la falta de información oficial, han crecido como maleza. Los trabajadores ya no especulan: exigen. La pregunta que hoy resuena en cada pasillo de la planta es clara: ¿qué más hizo Carlos Gamboa durante su gestión que amerita su salida y, al mismo tiempo, el borrado de su líder? Porque si Gamboa era el brazo derecho de Meneses, su caída arrastra inevitablemente a quien lo puso ahí. La gente no es ingenua. Saben que Meneses no puede lavarse las manos de lo que hizo su operador.

Ante esta opacidad, los trabajadores han levantado la voz con una exigencia contundente: una auditoría integral que revise no solo los actos de Gamboa, sino toda la gestión sindical en los últimos años. Quieren saber en qué se gastaron los recursos, qué acuerdos se firmaron a espaldas de la base y por qué la planta opera hoy con un vacío de liderazgo que pone en riesgo su estabilidad laboral.

Pero Meneses y Coremex no responden. Su estrategia es clara: esperar que el escándalo se apague. Sin embargo, esta vez el escándalo no se apaga porque los trabajadores ya no están dispuestos a tragar completo. La paciencia se agotó. Cada día que pasa sin una respuesta es un día más que se suma a la larga lista de atropellos que esta dirigencia ha cometido contra quienes dicen representar.

El abandono de Meneses no es casual: es calculado. Sabe que si da la cara tendrá que responder preguntas incómodas. Por eso prefiere el silencio. Pero el silencio, en política sindical, es una confesión de culpa. Mientras él se oculta, los trabajadores quedan expuestos, sin protección, sin rumbo y sin esperanza. La tormenta no cesa, y cada vez es más evidente que Meneses y Coremex son los únicos responsables de haberla generado.

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